La panna cotta es uno de los postres más sencillos de hacer –pero no por ello deja de ser uno de los más sabrosos- un pudding que en su forma más básica está hecho con nata, azúcar y gelatina. Originario del norte de Italia, concretamente de la región del Piamonte, literalmente puede traducirse como “crema cocida”.

Hoy en día, debido a su éxito en restaurantes de todo el mundo, existen múltiples variedades de elaboración, que abarcan desde aquellas panna cottas suaves y ligeras hasta aquellas más intensas y espesas, en las que la protagonista es la crema. Así, podemos encontrarlas con fresas, con coulis de mango, arándanos, caramelo, vainilla…

Pero, ¿cuál es el secreto para una panna cotta perfecta? La clave radica en la textura y consistencia. Este postre debe resultar sedoso, liso y firme y que a su vez aguante un ligero golpe sin deshacerse.

Además, este dulce es ideal para todo el mundo, incluidos aquellos que convivan con alguna intolerancia alimenticia, porque:

  1. No lleva gluten.
  2. Puede elaborarse fácilmente sin productos lácteos ni huevos, de hecho puede realizarse con leche de almendras o de coco.
  3. Sabrá igualmente rica si no incluyes gran cantidad de azúcar o introduces un sustitutivo de éste.